Por Flor Elías
@neuromama
Lic. en Pedagogía · Doula · Mtra. en Ciencias de la Familia · Mtra. en Neuropsicología

Comenzó a llorar en una tarde de primavera, estaba en el suelo y comenzó a tirar los juguetes que hace un momento lo entretenían. Su mamá llegó corriendo y lo tomó entre sus brazos, sin saber lo que había pasado, comenzó a preguntarle si algo le dolía pero con apenas un año, era difícil explicarle a mamá qué había sucedido.
Así que después de revisar que se encontraba físicamente bien, lo acunó en sus brazos y dejó de llorar.
Sus corazones se sincronizaron, y no solo metafóricamente, sino también física y emocionalmente.

Esto que acabas de leer no es solo consuelo, es neurociencia en acción.
La neurocientífica Ruth Felman describió lo que hoy se conoce como sincronía bioconductual; la cual se logra cuando una mamá y su bebé interactúan con mirada, voz y tacto lo que logra que se sincronicen el ritmo cardiaco, respiración y nivel hormonal (oxitocina) así como la actividad del sistema nervioso autónomo.
Es por esto que los abrazos de mamá parecen mágicos, y si mamá está tranquila, feliz, descansada, sus abrazos se convierten en el lugar seguro para regular al pequeño corazón que está aprendiendo a vivir, sentir y gozar de la vida.
El que las mamás se auto cuiden es una premisa necesaria para que sus hijos estén tranquilos y felices, pues su estado físico y emocional lo trasmitirá y con ello equilibrará y acogerá a su familia.
Por eso, mamá: cuidarte es cuidar de la familia.

